cine , IQT , noticias Viernes, 14 agosto 2015

Planta Madre: el viaje de Quattrini (entrevista al director del nuevo estreno cinematográfico peruano)

Paco Bardales

Amazonía,cine, literatura,periodismo, OVNIS. Miembro del gran combo charapa pop. Búscame en Twitter: @pacobardales y @DiarioIQT

Desde este jueves 13 ha entrado en cartelera comercial la película “Planta Madre“, producción peruano-argentina dirigida por Gianfranco Quattrini, rodada entre Buenos Aires, Iquitos y parajes de la Amazonía.

La película se presenta como un viaje, la búsqueda de una ex estrella de rock argentina, ahora en decadencia, por una respuesta real que lo salve del abismo espiritual en el que se encuentra. La mejor forma de lograrlo es tratar de alcanzar a un famoso curandero, internado en la selva, que lo acerque y comunique con su yo interior a través de la ancestral ayahuasca, y sane tanto su cuerpo como alma. Todo esto en medio de una narración visual que nos lleva de la escena rockera de los años setenta y la explosión de cumbia del presente tropical.

Además de actores como Lucho Cáceres, Manolo Rojas, Cindy Díaz y Magdyel Ugaz (y algunos extras conocidos en Iquitos), la película cuenta con la actuación estelar de Agustín Rivas, legendario chamán amazónico. La producción argentina fue liderada por Luis Puenzo, ganador del Oscar por “La Historia Oficial”.

Nos encontramos con Gianfranco Quattrini en Iquitos, en el avant premiere de la película con algunos de los protagonistas. Luego de la experiencia de su opera prima “Chicha tu madre” (2006) y con este trabajo, había mucho que conversar. Y, en efecto, conversamos luego de la proyección.

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Gianfranco Quattrini en el avant premiere de Iquitos. (Foto: Mariano Alvarado Traverso).

 

Hiciste tu avant premiere en Iquitos. ¿Cómo has sentido la recepción del público que vio la película?

En el plano más íntimo, te confieso que hacer el avant-premiere en Iquitos era un objetivo fundamental para mí. Agradecer a la ciudad y los que nos ayudaron. Además me gustaba la idea de mostrar “Planta Madre” en la selva antes que en Lima. A fin de cuentas allí fue donde germinó. Que la película haya tenido el recibimiento caluroso que tuvo me da mucha alegría y tranquilidad, una sensación de misión cumplida. Sentí, en los comentarios que recibí, que la historia los tocó y que Iquitos estaba bien representada.

¿De qué modo te sentiste conectado con la Amazonía al momento de rodar “Planta Madre”?

Iquitos me pone en otra frecuencia. Cada vez que lo piso me conecta de una manera que no puedo poner en palabras. Lo siento en el cuerpo.

¿Qué anécdotas memorables recuerdas del rodaje?

Fue muy intenso.  Pasaban cosas muy de otra dimensión. Ahora mismo me acuerdo por ejemplo cómo fue cuando arreglamos los días de rodaje de Agustín (Rivas). Le dije que considerara que estábamos en la selva y que podríamos tener que cambiar el día por lluvia. Me dijo que del clima se ocuparía él. La tarde que filmamos con él en el Amazonas, el cielo se puso como una pintura de Turner. Y en un momento aparecieron tres delfines junto a su bote. En todos los ríos que filmamos, no habíamos visto ni uno hasta ese momento.

La película es básicamente un viaje, mental, físico y territorial ¿cómo desarrollaste el guión?

El guión nace de una idea que me viene en mi primer viaje a Iquitos, año 2004. Me impactó la cantidad de extranjeros que llegan a la ciudad en busca de un cambio en su existencia. Como si la presencia fronteriza de la selva invitara también a explorar nuestras propias fronteras.

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Afiche oficial de la película, que se ha estrenado comercialmente en Perú desde el jueves 13 de agosto.

 

¿Participaste de la experiencia de tomar ayahuasca antes para escribir o para rodarla?

Yo estaba en Iquitos, conociendo por primera vez la ciudad de mi abuela. Y como otros que llegaban por primera vez, iba a hacer una toma de ayahuasca. Mientras hacía la dieta previa, pensé que sería atractivo contar la historia de un hombre que necesitase de esta medicina ancestral, como si fuese su última oportunidad. A todo esto, la música me había sacudido, las orquestas, la cumbia amazónica. Y supe que, por contraste, ese hombre debía ser un rockero. Lo guardé en el archivo e hice “Chicha tu Madre”. Antes de arrancar la pre-producción en Buenos Aires, hice una segunda experiencia de ayahuasca. Sentía que debía hacerlo, si iba a hacer una película sobre este tema. Esa vez sí fue un sacudón emocional fuerte.

¿Cómo fue el proceso de armar la producción de la película? A veces, de eso depende el buen o mal rumbo que vaya a tener hasta el final un proyecto.

Presentando “Chicha tu madre” en España le conté la premisa a Luis Puenzo, con quién habíamos coincidido. Y me dijo que quería producirla. Así que nos lanzamos a la escritura. El primer guión lo protagonizaba un héroe maldito del rock inglés, un Ian Dury. Llegamos a conversar con el manager de Gary Oldman, pero los tres millones de dólares que nos pidió de mínimo no estaban dentro de nuestras posibilidades. Estuvimos a punto de firmar un contrato con Elias Koteas (que actuó con Cronenberg y Scorsese), pero el acuerdo naufragó en los escritorios de los abogados. Teníamos la mitad de la película financiada pero no lográbamos conseguir lo que faltaba para darle luz verde. Entonces apuntamos al rock argentino y a hacerla con los recursos que teníamos.  Empezamos a investigar y contactamos a Pipo Lernoud. Poeta, periodista y director de la mítica revista Expreso Imaginario. Él estuvo allí en la fundación del rock en Argentina, compañero de Spinetta, Miguel Abuelo, Javier Martínez (Manal) y Pappo. Cuando le conté que quería hacer una película que uniese el rock de los setentas con el ayahuasca, a las pocas horas ya estaba en el proyecto.

Luego arrancamos la pre-producción para rodar en Buenos Aires las escenas de época de los setentas en el mundo del rock. A medida que diseñábamos los personajes, los looks, los ambientes, Pipo Lernoud nos nutría con el espíritu de la época. La historia de los hermanos jóvenes fue lo primero que filmamos. Todas las escenas con ellos están improvisadas. No había escrita una sola línea de diálogo, ni para los niños. Yo traía premisas y a partir de allí explorábamos, jugábamos. Para todos fue una experiencia muy libre, en sintonía con los ideales de ese momento. La cantidad de material creció tanto que al final nos impulsó a modificar el guión. Y para cuando llegamos al rodaje en Perú, 6 meses después, la estructura de la película había mutado. Pero “Planta Madre” realmente se terminó de escribir en la sala de edición, cuando pudimos descifrar cómo debía ser la secuencia del viaje de ayahuasca, qué necesitaba estar narrado allí y qué debía contarse en una instancia previa.

La película tiene un trabajo con personas que no hacen actuación profesional? ¿Cuán complicado fue trabajar con personajes “no actores”?

Si no le pides a un “no actor” tratar de interpretar alguien que no es, no es complicado. Yo elijo a cada persona que participa delante de cámara por su carisma y por lo que son. Un actor tiene más herramientas, pero hay personas que no pueden ser interpretadas por otros. Aparece lo falso. Entonces mejor ir a la realidad y trabajar en el rango que tengan. Yo creo en la autenticidad pero también en la precisión. Eso requiere de ensayos y de repetición. Entonces a un no actor, también lo someto a lo mismo. Es decir lo trato como un actor, aunque tenga menos recursos para expresarse. En la película me importaba mucho que los curanderos fuesen reales, que la ceremonia se presentase de manera antropológica. Claro que si te toca trabajar con Agustín Rivas Vásquez (uno de los personajes centrales de la película), estás con alguien que tiene una sensibilidad superior. Agustín está feliz, le encanta la película, pero especialmente se siente orgulloso de que a sus casi noventa años, haya podido convertirse en un actor. Porque de verdad su trabajo es un trabajo de ficción.

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El rodaje en Iquitos incluyó el trabajo con actores no profesionales y en escenarios naturales.

 

Una pregunta casi a pie de página ¿Cuál fue todo el rollo con el nombre final de la película? ¿Pasó por varios nombres antes de llegar a este definitivo?

Sí, cuando era un proyecto con rockero inglés se llamaba “Toxic Jungle”. Luego pasó a ser “Diamond Santoro y la Soga de los Muertos”. Era un título de género de aventuras, eso nos gustaba y hacía referencia al significado del ayahuasca pero terminaba siendo muy largo. Por un tiempo se llamó “Diamond Santoro” a secas. Pero queríamos un nombre que conectara de forma abierta con cualquier persona. Lo cierto es que el nombre “Planta Madre” nos acompañó desde el inicio. Cuando abrí una sociedad en Perú para poder armar la coproducción le puse de nombre Planta Madre Cine. Y en un momento “Planta Madre” se convirtió en candidato a título. Al comienzo dudé porque “Chicha tu Madre” también tiene madre. Y no quería ser etiquetado como el director de películas con madre en el título… Pero finalmente terminó imponiéndose solo. Así que ahora que ya está, voy a hacer otra película con madre en el título. Así tengo la trilogía madre.

La película se rodó el 2012. Tres años después llega al circuito comercial ¿Fue difícil llegar a este lanzamiento?

Muy difícil. La financiación fue muy compleja, socios que no conseguían lo que prometían, contratos sobre contratos, un rodaje partido en dos países, seis meses de espera entre uno y otro. La post-producción fue un culebrón, que incluyó litigios con el co-productor italiano. Un proceso demasiado largo. La idea surgió en el 2004, el primer guión 2007, el rodaje 2012, el estreno 2015…. Y estrenar…. ayayay…

Estrenar es una batalla durísima….

Estrenar una película es la batalla de David y Goliat, tú sabes bien. Es la historia de siempre. Conseguir las salas, que te den los horarios. Además poder contar con un presupuesto para distribución. Para que te des una idea, yo tuve la suerte de ganar el concurso de distribución de DAFO (la segunda vez que postulé) y los recursos que recibí los he destinado enteramente a difundir la película, crear la expectativa necesaria para que haya ganas de ir al cine (pauta en Facebook, vía pública, radio, spots de tv). Y el día anterior a la salida comercial, te encuentras combatiendo contra estrenos imprevistos en el cronograma, que obviamente te limitan el espacio, y las salas te terminan proponiendo horarios locos.

¿Cómo ves el sistema de distribución de las películas?

Es un sistema que está armado para la difusión del cine de Hollywood. Y como cineastas peruanos tenemos que unirnos e impulsar nuevas políticas de Estado. El cine peruano nunca va a crecer sin un cambio legislativo, que pueda transformar de raíz la manera cómo el Estado entiende al cine. Si queremos un país que asuma que el cine es una herramienta de construcción de identidad, hay que ser consecuente. Acá no hay una industria, hay emprendimientos aislados, ahora entusiasmados por el éxito de algunas películas. Pero más que nada lo que yo veo es ganas en los más jóvenes de querer contar sus propias historias. Ahora con los cambios tecnológicos, eso se puede hacer con una calidad digna. Pero hasta ahora la tecnología solo ha democratizado una instancia del proceso. El sistema de distribución se maneja entre pocos grupos económicos, de un lado y del otro, las majors y los complejos de salas. En este sistema una película independiente siempre juega de visitante. Tenemos que construir un nuevo sistema de distribución de nuestro cine, y luego alimentarlo. Propongo abrir nuevos espacios de difusión, un circuito de salas distritales, que sean además centro cultural, biblioteca y bar. Que allí el cine nacional y el latinoamericano pueda ser difundido a una entrada con un valor menor. Hay créditos blandos del BID. Lo hacen otros países vecinos. Estamos un paso atrás.

El año pasado tuviste una primera proyección oficial en el Bafici. ¿Cuál fue el recibimiento de la crítica a esta proyección?

La crítica recibió bien a la película, Iquitos obviamente los impactó. Ponderaron los riesgos, que sea distinta, visceral, que propusiera un viaje alucinante narrando una historia fraternal conmovedora. Y que tuviera mucha muy buena música. Por otro lado rescataron la autenticidad de la reconstrucción de época, en el plano de las ideas también. Incluso en el mundo rockero fue muy bien recibida. Para el periodista musical Roberto) Pettinato es la mejor película del rock, lo tiene así en su Twitter…

¿Cómo sientes tu evolución como realizador entre “Planta Madre” y tu opera prima “Chicha tu madre”?

Por un lado, una evolución a nivel humano. Pasaron muchos años y uno ya no es quien era. La vida ha transcurrido y las experiencias te modifican. Naturalmente, en muchos aspectos sigo siendo el mismo, pero en “Planta Madre”, quizás por el tema, me volqué hacia una conexión mucha más intuitiva con la narración. Yo operé la cámara todo el rodaje, tanto en Buenos Aires como en la selva. En ambos lugares hacía calor fuerte y estaba siempre sudando la gota gorda. No era el director sentado detrás del video-assist, estaba poniendo el cuerpo junto a todos. No veía otra manera de contar esta historia. “Planta Madre” habla de lo que cargamos en nuestras vísceras, al realizarla apareció en mí un director más físico, sensorial, que estaba atento a emociones más primarias.

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Gianfranco Quattrini en pleno rodaje de la película en Iquitos, en el año 2012.

 

¿Qué proyectos fílmicos tienes en mente luego del lanzamiento de Planta Madre?

Estoy avanzando con un guión para filmar en Argentina que tiene que ver con el universo de migrantes en el Bajo Flores. Una historia policial que une en Argentina a la comunidad peruana y la coreana. Ese guión lo estoy trabajando con Nicolás Gueilburt, guionista argentino de El Bonaerense y Los Paranoicos. También estoy escribiendo una comedia ácida para filmar en Lima, junto con Mariana Silva, autora teatral y guionista peruana, que me encanta su mirada y sensibilidad.

Bonus track: galería de imágenes del avant premiere de Planta Madre en Iquitos.

Paco Bardales

Amazonía,cine, literatura,periodismo, OVNIS. Miembro del gran combo charapa pop. Búscame en Twitter: @pacobardales y @DiarioIQT